Sahara Occidental


Cultura

El vestido

Ninguno de los elementos característicos del atuendo es común a Marruecos y el Sáhara. Mientras el hombre use chilabas, taquias y resas (para la cabeza) en Marruecos, el vestido saharaui masculino se compone de derrás, yabadur; fuquia e izar (turbante). Los zapatos de Marruecos (belga) son completamente distintos a los del Sáhara (arbat) El único elemento común, el pantalón serwal, es muy distinto en uno y otro lugar; pues mientras que en el norte del Draa es estrecho y ceñido (se utilizan unos dos metros y medio de tele para su confección), en el sur del Draa es extremadamente amplio (necesita unos siete metros aproximadamente). El sistema de articulación con el resto de la vestimenta difiere en ambos lugares, y en Marruecos se le permite un uso absolutamente impensable en el Sáhara, por las mujeres. El vestido femenino, en el Sahara, está compuesto de me/fa, chamir e izar, mientras que en Marruecos, la chilaba, la tahtia y el zíf (velo) completan su atuendo. Otros elementos característicos de mujeres, como el peinado, varía totalmente: al sur del Draa se levanta sobre la cabeza un complicado peinado en forma de moño, y al norte el peinado se realiza a un lado o con raya en medio. También en los hombres varían en este aspecto, pues en Marruecos cuidan sus cabellos y en el Sáhara se les dejan completamente en desorden.

La música

Absolutamente diferenciada de la marroquí la música saharaui posee sus propios instrumentos (el gidra, tambor marroquí de barro forrado de piel, es desconocido en el desierto, donde se use el tubal de madera, distinto en tamaño, forma y sonido. Este es utilizado como base para el ritmo tan característico saharaui).

La ceremonia folklórica de les fiestas saharauis tienen un actor fundamental: el igiu (pl.igaguen). Los igaguen, pese a su baje consideración social, se encuentran en la pirámide de las clases sociales del desierto; son a la vez que temidos, magníficamente venerados por los nómadas. Su concierto, extraordinariamente personal, se divide en cinco partes inalterables que han de ser sucesivamente interpretadas. Aunque se permite libertad de improvisación en el interior del concierto, ningún bardo (igiu) se atreve a romper la estructura sutilísima que aprendió en su lento proceso de iniciación (dura aproximadamente unos ocho años). Ni el igiu ni su arte, así como la específica forma del concierto folklórico saharaui, fueron jamás conocidos en Marruecos.

El derecho

Del mismo modo que sucede con la literatura, los saharauis comparten con Marruecos, Argelia, Mauritania, Egipto y todo el Mundo Arabe su propio derecho. De raíz religiosa, la escuela que se sigue en el Sáhara es la Cheraa. El derecho cheránico, basado en la obra de Jalil, es común a toda Africa musulmana. Sin embargo, cada país tiene sus propios comentadores que lo interpreten a su modo y manera. Y en este sentido el Sáhara posee une verdadera riqueza de sabios. Ya hemos citado a los Eruditos del Tiris y a sus obras monumentales (en algunos casos de diez mil páginas), que precisan le interpretación particular saharaui de este derecho.

Junto a la Cheraa, los Aadat, escritos de derecho consuetudinario que coexisten con ésta, acaban de diferenciar el Derecho del sur del Draa de aquél, del enclave bereber-marroquí. Son los Aadat instrucciones para le emisión de juicios, y colecciones de casos fallados que enriquecen el Kadi (juez) y le ayudan a emitir fallos en una cultura tan particular del norte de Africa.

La literatura

Desplazándose por dos niveles diferentes, la literatura saharaui posee autonomía en ambos.

A.- La literatura árabe del Sáhara, situada dentro del marco de la cultura islámica de la gran hermandad árabe, posee variedad de autonomía que la dignifican y distinguen.

Sus dos Edades de Oro, que no pueden ser descritas con la debida extensión que merecen en este pequeño trabajo, nos la presentan abrazada a toda cultura clásica del Islam y produciendo comentaristas y autores de gran altura y fecunda obra. Pero de ella nos interesa más que esto (de por sí significativo y que se manifieste en las dos grandes escuelas del pensamiento saharaui: los Eruditos del Tiris y los Santones y Talmidis de Smara) la lejtá.

La lejtá es el arte de la improvisación poética, tan característico y particular de los habitantes del desierto. Se desarrolle entre los poetas de las distintas tribus, enfrentándose en representación de la tribu a que pertenecen; esta confrontación llega incluso a durar días, y ha llegado a producir auténticas guerras tribales. Alabanzas y pullas aparecen en ellas encadenándose unas a otras en reflujo que comprometen a todos los asistentes. La cultura marroquí jamás ha conocido arte tan característico.

B.-La literatura hasania, compuesta especialmente de poemas, éstos en un género particular que se denomine lejna, se conserva en tradición oral y en su tradición escrita.

Un particular uso (herencia de su pasado) es el que se le da en batallas. Los saharauis se enfrentan a sus enemigos entonando poemas. La algarabía que se produce por el grito de mil poemas simultáneamente diferentes desconcierta a sus enemigos y de esta forma son vencidos con facilidad. Por las crónicas de los siglos XI y XII sabemos que los almorávides actuaban de este mismo modo.



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