Economía
Sahara Occidental
cuenta con pocos recursos naturales y no posee suficientes precipitaciones
como para abastecer la mayoría de las actividades agrícolas.
Su economía se centra en el pastoreo nómade, la
pesca y la minería de fosfato. La mayoría de los
alimentos para la población urbana debe ser importada.
Todo el comercio y otras actividades económicas son controladas
por el gobierno de Marruecos. Los ingresos y estándares
de vida se encuentran sustancialmente por debajo de los de Marruecos.
La economía
de Sahara Occidental es incipiente, la mayor parte de sus habitantes
subsisten de la pesca y de los vegetales marinos, también
de las frutas de las palmeras y en parte de la ganadería.
Existen riquezas
minerales como metales diversos y petróleo.
El saharaui
posee una economía de subsistencia, es pastor nómada.
Recorre distancias enormes en busca de mejores pastos, sirviéndose
para ello del camello, aquí dromedario o yemel que le sirve
tanto de bestia de carga como de consumo en su carne, leche, aprovecha
su piel, el pelo para las «jaimas» o tiendas. Junto
a él, rebaños de cabras y de ovejas.
La agricultura
apenas existe. Se limite a sembrar en las graras, terrenos arcillosos
de subsuelo húmedo especialmente cebada, de la cual preparan
la chicha o harina de cebada.
Su alimentación
es pues muy reducida:
«Alcuscu»
que elaboran con la harina de cebada más una grasa o aceite
y agua, carne de los rebaños cuando la tienen que sirven
en la «gasaá» o bandeja, leche en abundancia,
bien fresca o «lebén» o agria «raib»,
algunos dátiles cuando van en caravana y abundantes cantidades
de té.
El Sahara
es rico en pesca, y extrae sal en lajas que cambian en lo zocos
o mercados. En cuanto a minerales posee hierro en las zonas meridionales
y son de sobra conocidos los yacimientos de fosfatos.
Ejercen la
artesanía los majarreros, nivel inferior en la estratificación
social, que realizan labores de cueros como las «tazufras»
o sacos para transportar sus útiles, o «asormi»
o almohadas..., trabajan la plata y sus mujeres tejen con pelos
de camello y cabra tiras para las tiendas que luego unen, colocando
a veces una tela de separación o benia en el interior.
El camello
en especial, y algunas especies de cereales, son la base de su
subsistencia. La leche (que es plato único en muchas ocasiones)
y la carne de este animal (que es despreciada en Marruecos) se
preparan de manera propias. Los distintos platos se originan a
partir de las necesidades de la vida nómada: por ejemplo,
el t¡tgu¡t, compuesto de carne seca envuelta con manteca
de camello que la mantenía mucho tiempo y se preparaba
cara e los desplazamientos.
La flora,
por su parte, presenta productos absolutamente desconocidos en
el Norte. La vegetación enana que puebla le superficie
del desierto ofrece bayas y frutas silvestres que son muy apreciadas
por los saharauis. Entre ellas: azag, achacan, anafis, edmaj,
gardab, gerzim¡, tedás, tmei; son las más
codiciadas.
Los objetos
que se usan pera cocinar o guardar los alimentos en el Sahara
son los de madera y por artesanos especializados (malemin) adjuntos
a las distintas tribus.
La evolución
económica y política del Sahara está directamente
relacionada con el desarrollo de las diferentes expediciones investigadoras.
En función del objeto de estudio de las mismas podemos
distinguir tres etapas:
1.- La iniciada
en 1941, por Manuel Alía, con el objetivo de estudiar la
posible existencia de yacimientos de hierro, fosfatos y otros
minerales. Consecuencia de estos estudios será el encargo
a la empresa pública ADARO de los trabajos de campo necesarios
para la posible puesta en marcha de los yacimientos descubiertos.
Así, en 1955, la citada empresa señalaba en su Memoria
anual que "por la baja Ley de estos fosfatos y por su situación
geográfica no es posible llegar a una explotación
remuneradora a los precios actuales, pero hay en este punto un
problema de autarquía que tal vez aconseje llevarlo adelante
aún con pérdidas".
2.- La segunda
etapa vendrá marcada por las prospecciones petrolíferas.
Se inició en 1959 y se extiende en su plenitud hasta 1964.
El comienzo de esta fase viene marcado por la aprobación,
en marzo de 1959, de la Ley de Hidrocarburos. Durante los años
1960 y 1961 las compañías petrolíferas invertirán
en investigación casi 3.000 millones de pesetas. Esta situación
provocó una importante reactivación económica
y un rápido crecimiento del Aaiun, de forma tal que en
1963, José Mª Ríos, Presidente de ENMINSA (Empresa
Nacional Minera del Sahara), señalaba que
"una
de las dificultades mayores con las que se tropezó fue
el rápido y desmesurado crecimiento de Aaiun, motivado
por la gran importancia de las investigaciones petrolíferas
que se llevan a cabo, lo que hacía casi imposible encontrar
cualquier clase de alojamiento, tanto para el personal técnico,
como para los empleados y obreros".
Sin embargo,
esta reactivación fue transitoria, por el escaso interés
comercial de los resultados de las investigaciones, en relación
con los precios del petróleo en esos momentos.
Las investigaciones
petrolíferas, fundamentalmente de CEPSA, llevaron al descubrimiento
del yacimiento de fosfatos de Bu-Craa. Esta empresa obtuvo en
1960 nueve permisos de investigación, que afectaban a 2.163.781
hectáreas, siendo uno de los puntos objeto de estudio la
zona en la que se encontraba el citado yacimiento. A principios
de 1962 CEPSA suspende sus trabajos de campo, para proceder al
análisis de los resultados, y en julio de ese mismo año
se constituía ENMINSA, si bien desde septiembre de 1961
existía una Comisión del INI, encargada del estudio
de las posibilidades mineras del Sahara. Dicha comisión
surgió de la entrevista realizada en enero de 1961 entre
el Presidente del INI, Sr. Suanzes y los ingenieros Sres. de la
Viña y Ríos, siendo presidida por éste último.
3.- La tercera
fase se inicia con la constitución en 1962 de la empresa
antes mencionada, ENMINSA, y estuvo centrada en la nueva política
planificadora del INI sobre el territorio con la posterior constitución,
en 1968, de FOSBUCRAA, continuadora de la labor de ENMINSA. Durante
esta tercera etapa, el Sahara, y su capital Aaiun, conocieron
el momento de mayor desarrollo económico, al aumentar considerablemente
su población europea, atraída por las expectativas
económicas que generaba el yacimiento de Bu-Craa, al tiempo
que se ponía en marcha el Plan de Promoción del
Sahara, fundamentalmente destinado a las inversiones públicas
en infraestructuras, conducentes a preparar el territorio para
el despegue económico que se esperaba como consecuencia
de la exportación de fosfatos al mercado mundial. No en
vano se preveía que el Sahara se convirtiera en el cuarto
productor mundial de fosfatos, tras EE.UU., Marruecos y la URSS.
El fuerte
despegue del Sahara se fue haciendo evidente a lo largo de esta
etapa, pues se observa un progresivo incremento de los presupuestos
destinados a la zona y el continuo crecimiento de la población
española asentada de forma permanente en la región.
El desarrollo
económico del territorio generaba de forma paralela diferentes
situaciones que indicaban que algo comenzaba a moverse en el Sahara
y en sus gentes en el camino hacia un futuro al margen del colonialismo
español.
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